El cuento de la Base Naval de Guantánamo

El cuento de la Base Naval de Guantánamo por un corresponsal de guerra cubano

Por Romano Splinter Hernández

Director de Cine y TV, Profesor Universitario cubano. Trabajador autónomo en Bogotá-Cundinamarca

Versión de fragmentos tomados de: https://sites.google.com/site/onamor5us/

El cuento de la Base Naval de Guantánamo comenzó para mí en 1965, al regresar yo de mis Estudios de Cine en China.
Estábamos desesperados por llegar a Cuba, sin saber que una nueva aventura nos esperaba en la patria.
Se destapó la llamada “Crisis de la Frontera” que se desató con el asesinato vil de dos guardafronteras cubanos, realizado por francotiradores del ejército de los Estados Unidos, como fue probado por la trayectoria de los proyectiles y la exactitud de los blancos.
Pues sí, en la base había problemas y se recrecieron las tensiones y provocaciones de los norteamericanos.
Ya no se contentaban con ofender de palabra, colocar frasquitos de perfume y otras boberías en la línea fronteriza de la entrada principal (que nadie recogía, por supuesto, de nuestro lado), ahora hacían disparos y habían herido a varios combatientes nuestros en la frontera, incluyendo el asesinato a mansalva de Ramón López Peña, quién recibió dos certeros disparos de M-14 a la altura del esternón.
El puesto americano del otro lado quedaba a no menos de 700-800 metros -lo que demostraba la participación en el asesinato de un francotirador con mira telescópica-. En mi filme, “Yo Estaba Allí” se aprecian escenas de este acontecimiento. (…)
Rumbo a Oriente
Pues bien, no había terminado de poner la pata en Cuba y de pronto me vi encaramado en un IL.-14 rumbo a las provincias orientales.
El viaje -hay que decirlo- fue un poco aparatoso y nunca olvidaré el magnífico aterrizaje del avión al picar a gran velocidad sobre el aeropuerto.
Recuerdo que alguien me dijo: “¿Tú ves ese redondel azul muy oscuro que se vé allá?, pues esa es la fosa de Bartle y todavía no se sabe su profundidad. Ahí han caído varios aviones y nunca más se ha sabido de ellos, ni de los que iban a bordo”.
¡Simpático el muchachito, ¿NO?! Y esto dicho en el momento en que la nave se sumergía -por decirlo así- en Santiago de Cuba, hizo sudar a algunos de los presentes. (…)
Ya en Guantánamo la cosa estaba que ardía.
Llegamos y… ¡de cabeza pá La Base! Y ya allí nos asignaron cama en “Tres Piedras”, pero qué lejos estaba yo de imaginarme lo poco que la usaría, porque cada noche eran tres y cuatro alarmas de combate y a ocupar las trincheras… Nosotros y ellos también.
Las veces que nos caímos, en los corre y corre y luego nos pasábamos el resto de la noche sacándonos las espinas del c…uerpo, pues eso es otro país.
El paisaje era parecido a un Sahara en miniatura, con desierto y todo; un sol que rajaba las piedras de día, y de noche, el frío y los mosquitos; de día, unas moscas enormes que picaban más duro que cará. ¿Habrase visto, compay?: ¡en Cuba, moscas que pican, y eran verdes!; según decian le dejaban a uno el gusanito en la piel. (…)
Fuimos recibidos entusiastamente por los compañeros que ya llevaban más de tres meses allí y fueron equipados convenientemente para reforzar a los fotógrafos de la base.
Peligrosa y útil misión
Muchas de las fotos y filmes que salieron para la ONU a denunciar las agresiones fueron tomadas por Cordoví, Vicente, Mitjans y los otros compañeros que día a día arriesgaban sus vidas para tomar buenas instantáneas.
Nuestra misión en aquél entonces era evitar con nuestras cámaras las agresiones físicas que les hacían los americanos a nuestros obreros, pues en esa época estaban levantando fortificaciones y los gringos les tiraban piedras y los amenazaban con sus fusiles, haciendo uno que otro disparo.
Las agresiones gringas consistían en todo tipo de provocaciones, desde la tirada de piedras y botellas, los insultos propiciados por algunos malos portoriqueños destacados en la base, hasta los disparos de sus armas.
Cuando veían a nuestros fotográfos y camarógrafos se cuidaban bastante para que la denuncia no saliera al mundo.
A uno de nuestros fotógrafos (Berto Belén) un disparo de un francotirador a más de 400 metros y desde una garita gringa le atravesó el lente de la cámara y la oreja izquierda.
A nuestro político lo siguieron varios disparos mientras corría a protegerse en una trinchera.
A Belén, el ministro de las FAR, Comandante Raúl Castro, lo premió en el hospital por su valentía, con una flamante pistola alemana P-38, tan nuevecita que era la envidia de todos.
Pero el asesinato de los compañeros lleno la tasa, y provocó la crisis que casi termina en el enfrentamiento.
Probablemente eso era lo que ellos deseaban; el motivo para declarar la guerra y como siempre el invento de la mentira para justificar la agresión.
No nos dejamos provocar aunque si se protestó y denunció por todos los medios.
Y efectivamente, nuestras cámaras disuadían a los provocadores que no querían que sus imágenes fueran difundidas internacionalmente.
Aunque inicialmente sí logramos sorprenderlos infraganti, después comenzaron a cuidarse de nuestras cámaras.
Los americanos hacían de las suyas, y aprovechando el retiro de nuestros soldados a veces saltaban la cerca para “dárselas de valientes” (ellos sabían perfectamente que nosotros no les disparábamos, porque sin una orden superior estaba prohibido) y se adentraban varios metros dentro de tierra cubana, metiendo tunas en nuestras aspilleras vacías y alardeando de lo lindo.
Nosotros también teníamos nuestras astucias: a veces fingíamos que nos retirábamos y escondíamos a otro fotógrafo en algún lugar para tomarlos en su actitud amenazante, pero eso teníamos que hacerlo sin que nuestros jefes se enteraran, pues de saberlo nos habrían castigado, pues pensaban que estábamos dejando de proteger a los obreros por tomar fotos, cosa que no era así, pues cuando se ponían demasiado pedantes salíamos y nos dejábamos ver para que se tranquilizaran. (…)
Más anécdotas
Yo estuve seis meses en la base y me sacó de allí mi irresponsabilidad.
Como nuestras postas fueron alejadas más de trescientos metros de la cerca, se nos dificultaba tomar buenas vistas a tan grandes distancias, por lo que comenzamos a incumplir las normas que nos habían trazado nuestros superiores.
En no pocas ocasiones, atravesamos “la tierra de nadie” como le llamábamos a los 300 metros que nos separaban de los gringos, escondiéndonos de ellos y de nuestros propios soldados, para sorprenderlos con nuestras cámaras.
Una de mis anécdotas favoritas era cuando me relataban como Rigoberto Mitjans, un valiente corresponsal cubano, descubrió a un grupo de americanos “jodiendo la pita” en tierra cubana y fue con una escuadra de valientes orientales contra ellos.
Los gringos se apendejaron de tal manera que el que tenían vigilando (un portorriqueño pendejo) subido a la cerca, les gritaba: -¡Corre, Jhonny, que te matan; pronto, carajo, que ahí vienen los cubanos!.
Como testimonio quedaron para la posteridad las fotos de Mitjans del hecho.
El mulato se cagaba de la risa contándonos el cuento, luego se callaba y volvía: -¡Coñooo, y eso que eran los cojonudos marines de la infantería gringa!. Y ahí todos nos desternillábamos de la risa de nuevo, pues Rigoberto era un narrador estupendo y nos trasladaba las imágenes del encuentro, posando y haciendo los movimientos que hacían tanto los americanos como los furiosos negros orientales. Claro, siempre con un poco de choteo que resultaba muy simpático y agradable.
Asco y horror renovado
Veo el documental de HBOO titulado “Los Fantasma de Abu Ghraiff” y aparte del asco por el cinismo de los que allí entrevistan, uno se queda horrorizado de lo que son capaces los norteamericanos, “los defensores de los derechos humanos” en el mundo.
Quienes llevan muchísimo tiempo acusando a mi país sin razón al fin son desenmascarados, y es precisamente el Comandante de la base norteamericana en Guantánamo quién propició todos esos hechos, según denuncia el documental, ascendido posteriormente en la Sala de los Héroes por sus supuestas brillantes hazañas de guerra.
Quién no me crea, pues que vea el material y luego me cuenta para que vea la infamia. Y las ridículas penas a que fueron condenados los militares que se prestaron a desempeñar el papel de victimarios y verdugos de los prisioneros iraquíes, cuando en realidad cumplían órdenes superiores.
¡Qué horror! ¡Y es en territorio ilegalmente ocupado de nuestra patria por el gobierno de los Estados Unidos donde ese criminal ha aplicado todas sus torturas y vejaciones!
Claro que eso no es nada nuevo, como pueden pensar algunos, porque en esa sociedad se aprende a ser cruel y criminal todos los días. No hay más que ver sus películas.
Graduado de Periodismo en Universidad de la Habana, Universidad Nacional (Colombia) intereses en Cine, Arte, Periodismo, Universitario. Puede desempeñarse como Director Cinematográfico, Periodista, Especialista en Arte, Director de Fotografía, Fotógrafo, Asesor de Imagen, Director de Dibujos Animados, Dibujante, Editor de cine y video, Camarógrafo, Especialista en cine cubano e internacional, Asesor Artístico, tallerista y seminarista universitario, etc.

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