EL CARNAVAL Y SUS SÍMBOLOS

Por: Jorge Núñez Motes

Tomado de SoyCuba

Sin lugar a dudas el carnaval, al tiempo que resulta la más popular de las expresiones de la tradición musical y danzaría del país, es también expresión cultural contemporánea, modo de diversión y recreación y, en los últimos años, centro de discusión a cualquier nivel de la sociedad por la itinerancia de la fecha en que se realiza de un año a otro, al desconocerse la tradición que en la ciudad lo vincula al 16 de agosto, día de San Joaquín.

Sin embargo, aunque la fecha de realización fluctúe de un año a otro sin una razón cultural convincente, cada año se convoca a sendos concursos para seleccionar los símbolos que representarán a esta importante festividad: el cartel y la música.

Este año no es la excepción y aunque aparentemente muy temprano —el sábado 12 de julio— se daban a conocer los resultados de ambos concursos, sin percatarnos entonces de que estábamos a menos de un mes de inicio de las festividades.

Puede parecer retórico, o de poca luz, preguntar cuál es el objetivo de estos concursos, como no sea divulgar, dar a conocer, representar a las fiestas carnavalescas antes y durante su realización, pero a menos de una semana del inicio todavía no se avizora el cartel en los espacios públicos, ni la música seleccionada se escucha por los medios de difusión u otros sistemas alternativos o en las instituciones vinculadas al carnaval.

Este año no es la excepción, es casi la norma que el cartel impreso aparezca casi en el comienzo de las fiestas y todavía es más escasa la presencia de la música ganadora del concurso. De esta manera, la función representativa y divulgativa de ambos símbolos es poco probable que se cumpla.

Mucho más se pudiera analizar con respecto al carnaval, pero veamos los resultados del concurso del cartel.

Ante todo se trata de un concurso de no masiva participación, no más allá de cinco o seis nombres, algunos muy conocidos y que se reiteran de un año a otro.

Y es lo primero que hay que preguntarse, ¿no existen suficientes artistas plásticos y diseñadores en la ciudad que se sientan estimulados a participar en este concurso? ¿Por qué tan pobre participación?

Ya con los resultados a la mano se echa a ver la topicidad de los elementos trabajados de un cartel a otro, pobres, escasos, repetitivos, como si los aspectos relativos al carnaval se redujeran a las tumbadoras, los bailarines y la Fama.

Y lo que más alarma es que los conceptos que se trabajan están a mucha distancia de dónde está discurriendo la visualidad contemporánea.

Y es que el cartel, independiente de la función que cumpla es parte de un contexto, de una época, de una manera de expresarse; por lo que no se entiende que el símbolo del carnaval esté transitando aún por caminos dejados hace mucho por la plástica cubana.

En un momento en que la posmodernidad permite la cita, el pastiche, la ironía, la apropiación y otros recursos conceptuales que amplían los vocabularios junto a las posibilidades expresivas desde la visualidad.

Quizás la necesaria renovación del carnaval deba comenzar por sus símbolos, de manera especial por el cartel.

A punto de iniciarse el carnaval es prácticamente nula la presencia del cartel en los espacios públicos, para no hablar de la música que todavía continúa sin escucharse.

Tomado de UNEAC GTMO

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