García-Alix: “El selfie no es un autorretrato”

tomado de: http://www.elconfidencial.com/cultura/2014-08-01/alberto-garcia-alix-selfie-autorretrato-fotografia-circulo-bellas-artes_170907/

Alberto García-Alix, un autorretrato incompleto

Alberto García-Alix, un autorretrato incompleto

Alberto García-Alix y su voz de quebranto es un nostálgico con chupa de cuero, tachuelas y Harley. Un hombre con tantos autorretratos como clichés, con tantos mitos como prejuicios. Un fotógrafo víctima de su leyenda.
Con la cámara no tengo pudor. Es un acto íntimo con la cámara: estoy yo solo

Todo acaba con una confusión: pide un té a media mañana y echa por tierra un pasado de drogas, sexo y desenfreno. Impresiona ver a un motero vestido de algodón y blanco. Pero es verano y cuando el calor azota, García-Alix abandona el cuero en el que vive el resto del año. Bebe su té y se revuelve hablando de política y de chorizos, perdón por la redundancia. La España viva y rebelde de la que partió se ha convertido en el remake de la de Gutiérrez Solana y le duele. Pero en sus fotos no hace política o eso parece.

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8fa953b888f28654b617b7c9d01e56ef“Con la cámara no tengo pudor. Es un acto íntimo con la cámara: estoy yo solo”, reconoce. Enseñarlo es otra cosa. Dice, en medio de una de las salas de la muestra, que tanta repetición de sí mismo le cohíbe. Deberíamos creerle, aunque qué es la verdad. A fin de cuentas, una foto de nosotros mismos es el disfraz que mejor luce. Para arreglar fracasos, para corregir anhelos, para reparar mentiras, para curar delirios.

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Sin embargo, en las fotos de García-Alix entre la exhibición y la exposición hay una paliza, un brazo escayolado, un condón usado, un pájaro muerto, una derrota, dos zapatos gastados, un chaleco vaquero roído, mil y un tatuajes. La distancia entre la exhibición y la exposición es la misma que hay entre un abrigo de visón y un calzoncillo ensangrentado: con la primera te vas de fiesta, con la segunda al médico.

“El pudor es un lastre. Ahora hay muchísimo pudor. Las fotos de Mapplethorpe no podrían verse en ningún lugar. Puedes ver niños muertos, bombardeos, cualquier salvajada, una teta no. Nunca hemos sido tan pacatos”, dice.Un autorretrato es una búsqueda consciente de mí mismo a través de la cámara. Siempre encuentro una imagen que habla de mí

Alberto García-Alix ha escapado de sí mismo en sus imágenes. Claro que está su rostro, aunque con los años ha ido desdibujándose y renunciando a la nitidez –como en un viaje al fondo de Alberto García-Alix-, claro que aparece desde la más tierna inocencia hasta la más castigada madurez. Pero en la exposición el tiempo importa más que la imagen, la presencia mucho más que la referencia.

“Un autorretrato es una búsqueda consciente de mí mismo a través de la cámara. Siempre encuentro una imagen que habla de mí. Una imagen donde me reconozco”. ¿Y el selfie? “El selfie no es un autorretrato. Es un ejercicio hecho con un móvil, sin intencionalidad. El autorretrato necesita más chicha”.

García-Alix ya no está en las calles, cada vez pasa más tiempo en su estudio, reconoce el comisario de la muestra, Nicolás Combarro. Un artista sabe que se ha hecho mayor cuando tiene miedo de repetirse y la exposición que hace de sí mismo nuestro fotógrafo cada vez es más comprometedora, a pesar de que ya no haya condones ensangrentados ni pollas flácidas. Ha caminado de afuera adentro, ganado en metáfora hasta fundirse en un graffiti de la pared. Esa es su foto más reciente de todas.

Alimento fotográfico

Elena Mar Odalisca en mi patio, 1987. (Alberto Gacía-Alix)

Elena Mar Odalisca en mi patio, 1987. (Alberto Gacía-Alix)

¿No teme a la intimidad? “La intimidad es un arma importante. La fotografía es un ejercicio íntimo, una intimidad correspondida. El momento de la foto nos pertenece a ambos. Yo he alimentado la fotografía en mi intimidad”. En su encuentro con el otro dice que no está él, “aunque pongo mucho de mí”. Y uno piensa que los retratos de otros son pedacitos de él. No sólo en sus maneras (composición y posición), sino en sus tripas.

La intimidad es un arma importante. La fotografía es un ejercicio íntimo, una intimidad correspondida. El momento de la foto nos pertenece a ambosClaro que le quedan muchas cosas por fotografiar. Todo empieza cuando agarra la cámara con sus manos y se la acerca a los ojos. “Es cuando me introduzco en la máquina”. Entonces empieza a “dialogar” con lo que mira. “Pero lo que miro por la cámara, porque lo que ve la cámara es una fragmentación”. Dice que en ese momento es cuando debe inventarse, donde toma decisiones, donde se limita y construye el diálogo.

Una novela de cuatro décadas que no se agota, porque su protagonista quiere verse como un náufrago romántico. ¿A la deriva? Como cualquiera. Todavía quedan muchos capítulos pendientes, aunque le impresione volver a exponer en el Círculo de Bellas Artes 16 años después y con el pelo blanco. Y cuentas sin saldar: “Los retratos que me hubiese gustado hacer y no he podido porque han muerto son a mis amigos. Uno siempre piensa que tiene tiempo: mañana lo haré. Y ese mañana nunca llega”. Y luego pasa el tiempo y uno se arrepiente de todo lo que ha dejado pasar, de todo lo que no hizo a tiempo.

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