La Historia de Cuba debe ser narrada desde la cotidianidad

Varias zonas de la región oriental de Cuba, y en especial la provincia de Santiago de Cuba, han sido territorios con un alto nivel de protagonismo en el proceso revolucionario cubano. La Doctora en Ciencias Históricas y Premio Nacional de Investigación (2006) Olga Portuondo Zúñiga, Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba, ha dedicado una parte considerable de su vida al estudio de la génesis de este fenómeno y otros aspectos medulares de nuestra historia como el proceso de formación de la identidad nacional.

Portuondo, que también ha merecido Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas (2010) y a la que está dedicada la edición 24 de la Feria Internacional del Libro 2015, abrió gentilmente la puerta de su casa a OnCuba una tarde de domingo, para comentar un poco acerca de esa otra Historia que no figura en los libros de textos académicos.

¿Cuándo descubrió que su vida estaba ligada al estudio de la historia de la zona oriental?

Siempre tuve debilidad por el estudio de la Historia. Quería estudiar Filosofía e Historia después del Bachillerato. Matriculé Historia en la Universidad de Oriente en el año 1963, un año después de creada la carrera, luego de la Reforma Universitaria. Ya graduada impartía la asignatura de Historia Antigua, y fue en ese entonces cuando comencé a preguntarme acerca de algunos temas de la Historia de Cuba, particularmente sobre Santiago de Cuba, que podrían responderse conociendo mejor la historia de la región oriental, ya que sobre ellos no existía una investigación sistemática. Me preguntaba por ejemplo qué había motivado el inicio de la Guerra de Independencia en 1868 por esta región. Ese asunto no era posible responderlo de la manera que lo hacía la historiografía tradicional, y así comencé a investigar sobre estos asuntos.

Santiago de Cuba es una ciudad que ha sido partícipe de todo el proceso revolucionario cubano. ¿Por qué escoge el período colonial de los siglos XVIII y XIX para estudiarla?

Me han motivado esos siglos porque es el campo donde hay muy poca información histórica sobre Santiago de Cuba. Prácticamente estas épocas no han sido tratadas. De esta manera, he trabajado estas etapas con mayor motivación, con luz propia. Siempre tuve la curiosidad de conocer esos períodos de la región oriental que estaban prácticamente ignorados.

Escogí el estudio del siglo XVIII cuando llegó a mis manos el libro de Descripción de la Isla de Cuba de Nicolás Joseph de Rivera, publicado por la Dra. Hortensia Pichardo. El libro es un estudio económico que de manera integradora describe cómo funcionaba la economía de Cuba del siglo XVIII. Luego continué estudiando la vida de este autor, que dicho sea de paso era santiaguero, y junto con el tema de investigación sobre La Guerra de la Oreja de Jenkins en 1741, que derivó en mi tesis de doctorado, concentré la atención de mis estudios en esa centuria, época en la cual percibí las mayores posibilidades de investigación. También he trabajado la emigración francesa y su crecimiento demográfico en la primera mitad del siglo XIX.

La línea fundamental de sus estudios está enfocada en el proceso de formación de la nacionalidad cubana, sin dudas una etapa cardinal de nuestra historia. ¿Cómo llegó hasta allí?

Es un estudio muy singular desde el punto de vista de la historiografía porque ha de incursionar sobre la Historia de la Cultura, la política y la economía. Generalmente, muchos de los historiadores enfocan el inicio de la nacionalidad cubana a partir del siglo XIX, y esto es un error, ya que no puede existir la nacionalidad cubana sin analizar sus orígenes de la criollidad, que se remontan a partir del siglo XVI y del XVII, y es en el siglo XVIII donde se consolida el pensamiento criollo.

Otro aspecto que me motivó a medida que estudiaba la nacionalidad, fue cómo se soslayaba por algunos historiadores el proceso de formación de una identidad criolla en la población libre de color, es decir, en la población negra descendiente de africanos. No se explicaba la incorporación de la población negra, no precisamente del esclavo, sino del libre de color, en el inicio de la guerra de independencia, y para poder entender esto había que estudiar cómo se había producido una formación del criollo en esta población libre que, aunque no poseían un conocimiento ilustrado como el de la oligarquía criolla blanca, sí había desarrollado un sentimiento de criollidad, de patria local, etc.

Además, a todo esto se le añade el proceso de mestizaje prácticamente desde el siglo XVI. La presencia del aborigen, del negro y del español no se encuentra en la historiografía contemporánea de manera sistemática, y al menos es factible de observar en esta zona oriental, o fue factible para mi campo de estudio.

En la historiografía cubana se ha tratado ampliamente el tema de la toma de la Habana por los ingleses en 1762, sin embargo, no resulta muy conocida la derrota británica por este lado del Oriente veinte años antes. Coménteme al respecto.

La Historia de Cuba del siglo XIX y XX casi en su totalidad ha sido escrita por habaneros, de ahí que el punto de vista predominante en la Historia haya sido narrado desde una posición habanero-centrista. No obstante, algo de eso ha cambiado en los últimos años con trabajos realizados por estudiosos y académicos de historia en provincias y con publicaciones de esos trabajos.

Con respecto al hecho en sí, escribí un libro que se llama Una derrota británica en Cuba (Editorial Oriente, 2000) en el cual expongo, además de otros criterios, el por qué las tropas británicas no tomaron Santiago de Cuba. Lograron desembarcar  y estuvieron alrededor de cuatro meses en tierra guantanamera. Construyeron una base naval en la entrada de la bahía de Guantánamo, obra que sería un antecedente de la futura base norteamericana.

Por otro lado, el sentimiento de “patrilocalidad”, de defensa del suelo inmediato, es uno de los factores que se evidenciaba iba en aumento, no solo en la oligarquía criolla, sino también en el resto de la población. Las diversas dificultades en la avanzada desde las costas de Guantánamo hacia Santiago, las enfermedades que contrajeron, el no contar con un gran número de efectivos militares, el no poseer un apoyo interno para con los británicos como sucedió en la Habana, y la buena relación entre la milicia santiaguera, por llamarla de alguna manera, y las tropas regulares españolas, fueron algunos de los factores que evitaron la toma de Santiago.

En el prólogo de su libro La Virgen de la Caridad del Cobre. Símbolo de cubanía Mons. Carlos Manuel de Céspedes, se refiere a la Virgen de esta manera: “Ella es así: sal humilde que nos conserva en nuestro ser (…) y nos da el gusto exacto de la vida; humilde cobre que permite las aleaciones imprescindibles en este pueblo (…)”. ¿En qué cree usted que consista la devoción del pueblo cubano por la Patrona de Cuba?

Mons. Carlos Manuel de Céspedes era una persona que yo admiraba mucho. Un hombre de una gran cultura y de un gran amor por Cuba y eso es algo de gran valor para mí. Con relación a la Virgen de la Caridad, debe analizarse el origen de todo el fenómeno para entender. Este es un culto que surge en el seno de la población del Real de Minas de Santiago del Prado (actual poblado de El Cobre), y que tiene elementos del aborigen, del africano y del español, la población que forma el pueblo de Cuba.

En Santiago del Prado existía una especie de “laboratorio natural” donde se mezclaban esas manifestaciones culturales, además de la advocación mariana, es decir, la imagen de la Virgen María a través de la Virgen de la Caridad. A finales del siglo XVII los pobladores crean su propio templo para venerar a la virgen, un lugar simbólico como punto de reunión, y es en este punto donde este proceso alcanza su máxima expresión.

El culto a la Virgen de la Caridad es adoptado oficialmente por la Iglesia Católica cuando ya ha madurado en el seno de esa población mestiza. Ya en las postrimerías de este siglo, la iglesia católica se interesa por esta veneración y crea los autos de 1687-1688, para formar una capellanía y oficializar el culto. Lo interesante es que el origen de este entramado es una elaboración popular, algo creado desde lo más interno de la población que habitaba el poblado de El Cobre de aquel entonces, y por su carácter popular se va extendiendo a los territorios aledaños durante el siglo XVIII y parte del XIX. Al finalizar la Guerra de Independencia, la Virgen de la Caridad del Cobre es conocida a lo largo del territorio de la isla de Cuba.

La edición número 24 de la Feria Internacional del Libro de Cuba está dedicada a usted y al musicólogo Leonardo Acosta. ¿Qué tipo de compromiso entraña este otorgamiento?

El primero de los compromisos ha sido trabajar para la publicación de los libros que se presentarán en esta edición de la feria. Hay seis reediciones y cuatro de primera edición. La Biografía de Nicolás Joseph de Rivera, libro que aprecio mucho, será uno de los reeditados por Nuevo Milenio. Se lanzará un libro inédito en dos tomos que será una especie de homenaje al periodismo cubano y en especial al santiaguero, ya que es basado en una personalidad santiaguera del siglo XVIII: Manuel María Pérez: polígrafo cubano, hombre que escribió todos los géneros, y lo hizo en los periódicos de la época.

La Editorial Oriente, por su parte, ha preparado la reedición de La Virgen de la Caridad del Cobre. Símbolo de Cubanía, libro que es muy esperado. Ediciones Unión reeditará Un liberal cubano en la corte de Isabel II. También estará Entre esclavos libres de Cuba colonial y el libro Francia y Haití en la cultura cubana, que se llevó a la feria del libro de Haití en diciembre pasado. Figura además el libro Caribe: Raza e identidad y estará también, ¡Misericordia! Terremotos y otras calamidades, que como trata el tema tan santiaguero de los temblores de tierra, supuse que gustaría, y aunque está pensado para un público mayor, ha tenido buena acogida entre los jóvenes.    

¿Qué apreciación tiene sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje de la Historia de Cuba en los jóvenes?

Pienso que hay que darle una visión más integral a la Historia de Cuba y menos doctrinaria al impartirla en las aulas. Generalmente la historia se imparte de manera estereotipada, mecánica, y no es esta la forma más atractiva de hacerlo. El profesor debe lograr que el alumno ame la historia, y eso comienza desde la palabra del profesor, este debe sentir el valor de lo que está impartiendo, máxime cuando la Historia de Cuba posee una riqueza extraordinaria. Creo que deberían narrarse las cuestiones heroicas desde la cotidianidad. Construir la Patria de manera cotidiana también es un acto heroico.

¿Sobre qué tema de investigación trabaja para su próximo libro?

No me gusta mucho adelantar sobre lo que estoy haciendo, pero te comento que hay un trabajo acerca de los orígenes del mamarracheo santiaguero, antecedentes del carnaval, que debe salir publicado en la edición especial de la revista Del Caribe, editada por la Casa del Caribe, para el mes de julio de este año por el Aniversario 500 de Santiago. Un trabajo algo más serio, es la preparación de un libro sobre la deportación de Emilio Bacardí en 1879, y también estamos trabajando otra compañera y yo en un libro sobre Juan Bautista Sagarra.

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