El arte es la naturaleza humanizada

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La estética en el pensamiento de Regino E. Boti

Por Orleydis Alba Sánchez

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El aporte esencial a la actualización de la lírica cubana que significó la publicación de su  poemario Arabescos Mentales, cuyo centenario celebramos en el corriente 2013, exige el examen atento de las concepciones de la belleza que palpitan en el centro de la cosmovisión del más universal de los guantanameros.

A ello quiere ayudar el siguiente texto, versión de fragmentos de la Tesis para optar por el grado científico de Dr. en Ciencias Filosóficas, “El pensamiento filosófico de Regino E. Boti y su concreción en su obra  literaria”, presentada por el autor en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.  

 

La preocupación del poeta Regino E. Boti acerca de los problemas del arte fue tan constante y profunda que lo llevó a la conceptualización sobre la relación estética del hombre con el mundo, expresión que está presente sobre todo en la crítica literaria.

En este sentido, vale destacar el sentido cosmovisivo del lugar que ocupan el arte y la literatura en la formación humana en el despliegue integral de las potencialidades del ser humano, así como la capacidad liberadora, tanto de la literatura como del arte en general.

La dimensión estética del ser humano.

La estética integra el sistema de actividades humanas y constituye centralidad en el pensamiento filosófico de Regino Boti, quien a partir de sus interrelaciones conceptuales funda una obra artístico-literaria de gran alcance cultural.

En ella la búsqueda aprehensiva de la realidad está encausada y estimulada por la estética, y atendiendo al resultado, al producto, busca expresarlo poéticamente, es decir, con arreglo a la belleza.

Al igual que la poesía, su crítica literaria es ineludible en cualquier balance histórico de la creación literaria en Cuba. Escribió valiosos ensayos sobre la obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda, Juan Marinello, Nicolás Guillén y El Cucalambé, entre otros.[1]

Los autores que más han estudiado esta faceta de la creación botiana son: Emilio de Armas, Enrique Saínz y Ena Ruíz.[2]

Estos autores destacan los aportes de la crítica botiana en sí misma, es decir atendiendo al alcance de sus valoraciones de obras poéticas nuevas en el momento y la revalorización de otras creadas en el pasado, además de los resultados artísticos como género específico en relación con autores precedentes y posteriores. Ellos apoyan su exégesis en los valores de la crítica literaria por sí misma.

Los ensayos de Boti en esta esfera están dirigidos a la crítica poética; sin embargo, en ellos destaca rasgos de la poesía que expresan su naturaleza artística, la  pertenencia al “mundo del arte”.[3] Establece con hondura humanista  generalizaciones en torno a la naturaleza del arte, su carácter social e innegable condición humana; la relación entre el arte y la naturaleza; lo objetivo y lo subjetivo en la creación artística y la experiencia estética en los objetos creados por el hombre.

Estas generalizaciones escapan a la crítica literaria en cuanto disciplinas de un arte específico, y sólo pueden ser analizadas, por su carácter teórico generalizador,  desde la estética. La filosofía del arte es también, como su nombre lo indica, un enfoque generalizador, filosófico, sobre el arte, pero abarca un ámbito mucho más limitado que la estética, restringiéndose a las obras de arte y excluyendo a la naturaleza y la vida cotidiana y del trabajo como objeto de estudio.

En cambio, la estética es tradicionalmente parte de la filosofía que tiene lo bello, o la belleza en general (tanto natural como artificial) por objeto de  estudio y, de un modo especial, las condiciones con las que se percibe y crea lo bello, y los criterios con que se valora. La estética trata el problema de la belleza sin acotar su objeto a un campo determinado e incluso trata las relaciones existentes entre el arte y la naturaleza. Aborda el problema de la belleza y de su relación con los objetos artísticos y de éstos con la naturaleza y el hombre.[4] La fealdad, en su aparente divorcio con la belleza, guarda relación con ésta y es, también, objeto de la estética, que busca dilucidar la esencia y percepción de la fealdad y sus relaciones intrínsecas con la belleza.

El crítico guantanamero no se propone teorizar en estética como finalidad principal. Sus ideas estéticas resultan de cuestiones artísticas prácticas. La empresa poética renovadora que se propuso exigía la incesante búsqueda de nuevos motivos de inspiración, métodos y modos de expresión; esto a su vez demandaba un conocimiento profundo de la historia de la poesía hispanoamericana, a la cual dedicó muchos años de estudio. Desde esa empresa llega, de manera tangencial, a generalizaciones de naturaleza estética en su sentido más amplio, filosófico.

En materia de estética, en la que asimila autores diversos, lo más significativo es el humanismo y la concepción histórica del arte. Su crítica literaria contiene un conjunto de ideas que realzan la dimensión estética del hombre como atributo intrínseco a su ser esencial. Lo más significativo en este sentido es la aceptación del carácter histórico de los valores estéticos y del arte, y el condicionamiento material y social de ambos.

En el pensamiento de Boti hay una exaltación del lugar de lo estético. La búsqueda reflexiva no se desliga de lo estético atendiendo a dos cuestiones: el fundamento mismo de su concepción de la Naturaleza, y el constante esfuerzo por expresar poéticamente sus cogitaciones. El esfuerzo por lograr una exquisitez formal y el espíritu indagador en las causas más profundas del mundo natural aparecen fundidos en sus composiciones. Por eso en Arabescos mentales conscientemente “el trazo se pierde en oleadas filosofadoras”,[5] y cuando no logra la armonía entre el espíritu filosofante y la forma exquisita decide salvar el primero. En otros casos lo filosófico es elusivo para el lector ante la belleza léxica de los vocablos. Lo filosófico y lo poético se cambian el uno en el otro.

Asume ante la Naturaleza una postura dionisíaca. En plena orgía sensorial siente poseer “la sana exaltación de un fauno danzante”;[6] además el panteísmo de raigambre mística le lleva a buscar la fusión con la naturaleza para alcanzar la plenitud. En el diálogo con la naturaleza y la plena disolución en ella encuentra el reino de la libertad. En fruición extática ante el espectáculo natural siente palpitar en él la unidad toda del universo, representada en la mitología griega por el dios Dioniso.

El hombre, como partícula del “Gran Todo” o Naturaleza, debe desempeñarse en  una relación armónica con este. El arte y la poesía, en particular, tienen como fuente lo que la Naturaleza sugiere. El arte no es más que la expresión de la naturaleza por medio del hombre. La naturaleza es el “cantor original”[7] y el artista tiene la capacidad de auscultar su “Pulsación vital.”[8] Esto no significa que el arte sea una simple mimesis de la realidad; el artista traduce la realidad en la obra, a través de la cual expresa sus sentimientos, carácter y personalidad.

La obra de arte es el resultado de un proceso de objetivación-subjetivación,  esencialmente humano, en el que el artista aprehende subjetivamente la realidad y la devuelve en un producto humanizado, matizado por los sentimientos individuales.

Gracias a que el hombre ha desarrollado una sensibilidad estética ha podido, también, humanizar la naturaleza e integrarla a su mundo dotándola de una nueva significación. La naturaleza en sí misma no posee valor estético; para poseerlo necesita ser humanizada. Para que se vuelva expresiva el hombre debe desplegarse en ella. Por eso rechaza la concepción de la deshumanización del arte.[9] Cualquier intento deshumanizador resulta sólo eso, intento, porque el arte está impregnado de valores en los que el artista reafirma su condición humana:

 

“La naturaleza nos habla al través del arte por el sentido humano que el artista le imprime al reproducirla. Todas las formas creadas por el hombre y los entes afectivos o intelectuales que ocasiona su obra se humanizan al ser tocados por él, dándose de ellos mismos -y a sus semejantes- un trasunto humanizado, porque le sería imposible dar otro, porque el hombre no puede hallar un sentido humano fuera de sí, sino al revés, que humaniza todas las formas externas e internas, reales, superrealistas, o imaginarias en cuanto son objeto de sus interpretaciones.”[10]

 

La producción artística, como producción humana al fin, no es algo que brote pura y plenamente de la subjetividad con independencia total de la realidad. Tiene su origen en la realidad, lo que no significa que el individuo juegue un papel pasivo. En la interacción del individuo con el medio es donde brota el sustrato humano del hombre. Lo humano no es algo separado de la naturaleza; el hombre es en y con el mundo. En el arte el hombre humaniza la Naturaleza por medio de la apropiación subjetiva. Por muy elevada que sea la creación artística no es un hecho autónomo, soberano, sino que goza de relativa independencia:

 

“[…] todo paisaje [se refiere al paisaje fijado por el pintor] es la proyección de un estado de alma ¿por qué los estados del alma no han de ser proyecciones de paisajes? Paisajes interiores, vistos en nuestras entrañas, visiones del yo que no pueden -como producción humana al fin- separarse de la tierra por muy elevada que tenga su prominencia.”[11]

 

La poesía y la forma poética constituyen parte de la condición humana, por lo tanto existirán mientras exista el hombre. Lo que ocurre es la incorporación de nuevas fuentes de inspiración. A las primeras fuentes o “simples de la poesía”: “flor, nube, cielo, mariposa, alba, primavera, perfume, mar”[12], se han sumado e irán agregando otras, en relación con el desarrollo científico-técnico, en un proceso que obedece a la ley del progreso. 

Esto ocurre en la poesía como manifestación particular de un proceso cultural más amplio, el de los valores estéticos, en el que advierte una relación histórica y contextual entre el ideal de belleza y los procesos científico-técnicos; de ahí que indague en la correspondencia entre lo bello y lo útil en los objetos creados por el hombre. Reconoce la presencia de lo bello en todo lo creado o transformado por él,  si responde al fin con que fue concebido, si rinde utilidad.[13]

La experiencia estética no es producto de un individuo aislado, sino que está condicionada históricamente por el entorno material y social en que se desenvuelve:

 

“En los lineamientos de multitud de construcciones y estructuras modernas asoma la belleza. Si un egipcio despertara ahora a la vida, desde el fondo de su tumba de cuatro mil años, sería incapaz de apreciar de improviso la belleza que hay en la armazón de una locomotora, en la textura de un dinamo, en el gálibo de un trasatlántico, en los proclives y torres de un superdreadnought, en los paramentos de un rascacielos,  en el perfil de un automóvil, en la corpulencia −a la vez ligera y gravitante− de un camión o de un tanque de guerra, en la fuga −despertadora de ensueños− de una aeroplano, en los canecillos y curvas de nuestros puentes audaces, en la noche lumínica de los túneles.”[14]

 

El origen social y el carácter clasista del arte son apreciados por Boti, porque el hombre por naturaleza sólo vive en sociedad y es en ella donde produce las ideas. Además el artista responde, ya sea a propósito o no, a los intereses ideológicos de una clase o un grupo determinado.

Por eso valora la obra Juventud y vejez (1928), de Juan Marinello, de la siguiente manera: “Juan Marinello levanta su voz para tratar de un problema medular cubano, que tiene sus naturales derivaciones en el arte, ya que el arte es también en su modo una expresión del conglomerado social.”[15]

El movimiento modernista liderado por él y José Manuel Poveda a principios del siglo XX tenía proyecciones sociales, por el noble empeño de transformación de la sociedad desde el altivo puesto que ocupaban como artistas. 

No obstante no ejercieron una militancia y una organización que les condujera de manera más certera a la pretendida incidencia en la sociedad. Sin embargo, el renovador literario aplaude el logro de tal organización por la vanguardia cubana, que supo armonizar la creación artística con la militancia política y cívica:

 

“El actual movimiento de avance, de vanguardia, en nuestras letras debe presentarse como el primero por su virtualidad tanto artística como social. Pasó que hasta ahora las renovaciones literarias carecieron de la militancia necesaria, que carecieron de palenque propio, que sus soldados no combatieron con todas las armas lícitas. Nuestra cruzada vanguardia es una contienda en forma: de crítica y creación. Organizada por quienes dicen su palabra cuando tienen que decirla.”[16]

 

Para Boti la libertad es un proyecto en el que no pueden faltar la cultura y la virtud como ingredientes esenciales. Una patria libre no se logra únicamente con un himno y una bandera, según lo demostró la República instaurada en 1902. Es necesario, además de ser dueños de la tierra, serlo del desarrollo de la cultura y de la virtud.  En ello comparte plenamente los criterios planteados por Juan Marinello en Juventud y vejez, cuando apunta: “Tal es la cuestión de la conferencia de Juan Marinello, exponente de esa generación que quiere para la patria no sólo un himno y una bandera, sino que también la tierra, la cultura y la virtud.”[17]

Aunque reconoce el carácter social del arte, en este caso de la poesía, se mantuvo atento ante el peligro que significa el sociologismo artístico-estético y el detrimento de la función estética del arte al subordinarse a la función política. Por eso, en 1928, al analizar el movimiento cubano de vanguardia, lo pone en alerta ante la tentación del realismo socialista que venía imponiéndose bajo el poder soviético.

En aquel país europeo “[…] el arte se convirtió en una consigna política, sustituyéndose la función estética del arte, que es su razón de ser por antonomasia, por la función política.”[18] No es que la vanguardia en Cuba creara bajo esos cánones, pero la caracterizaba la preocupación político-social,[19] en lo cual Boti advertía la propensión a subordinar la poesía a la política; al respecto sentencia:

 

“Nuestra poesía de vanguardia está agitada por un soplo comunista que mira a Rusia. Esto es una moda. Un tópico literario. Con el tiempo se mirará a China. Y por último a América. Mas nada de esto está facturado en casa. Puro artículo de importación que ni siquiera atezó nuestro sol intertropical.  La poesía, como todo arte, aunque no lo pretenda es social, o tiende a serlo. El error para mí de nuestra lírica del día, es que hace de lo sociológico como un programa, anteponiendo la acción social a la estética. Y nada más deplorable que la sociología en verso.”[20]

 

Marinello fue un vanguardista que después tomo partido en el realismo estético y propugnó un arte de contenido social. Influenciado por el realismo, llegó a medir el arte a través del prisma político como consecuencia del sociologismo estético reduccionista, aunque luego superó esta concepción.   

El crítico guantanamero comprende que la función principal del arte no puede ser suplantada por otra o confundir su naturaleza con la de otras manifestaciones culturales; debe conservar su naturaleza y función estéticas. El arte tiene que ser sugestivo y rico en imágenes, creación en belleza; es ahí donde encuentra su verdadera realización.

La obra de arte puede ser tendenciosa, pero de ningún modo subordinarse a su función política. De acuerdo con esta convicción sostiene: “La novela no debe ser ciencia, sociología, política, sino novela. Ello le permite a Insúa ser el dueño y señor de su pluma y crear con ella cuanto en belleza le plazca.”[21]

Desde su vasta cultura, nutrida de la savia de la cultura universal, pero enraizada en lo americano, mostró gran lucidez ante el juego recíproco de lo universal y lo particular en la conformación de la identidad. Sólo en la relación dialéctica entre lo universal y lo particular encuentra la explicación de un arte que exprese el ser esencial latinoamericano. En el diálogo permanente entre la cultura universal y latinoamericana es donde se funda y consolida lo autóctono.

Debe mirarse hacia la realidad latinoamericana, pero su cultura tiene que nutrirse del legado de la cultura universal como condición indispensable para alcanzar lo propio. Sólo mirando hacia la propia realidad de América Latina y sus problemas específicos con sentido ecuménico, que quiere decir humano, perdurará lo americano. El arte para que exprese el ser esencial americano debe revelar ante todo: “Una preocupación americana que no excluya el sentido humano, más cosmopolita, que debe caracterizar todo arte perdurable.”[22] Debe ser “un arte a un tiempo autóctono y universal.”[23]

Este mismo punto de vista asume al criticar la poesía de Nicolás Guillén. Para él, la trascendencia de la poesía del autor de Motivos de son radica en haber sido fruto de esa relación: “[…] tal poesía, que, ardida por todos los soles, le place sentirse atezada por el de su patria, ser sustancialmente nuestra; aunque -simultaneando lo particular con lo universal- también es cosmopolita y avisada, como no puede dejar de serlo hoy toda poesía que aspire a la estimación de la crítica.”[24]

Piensa en América con los ojos puestos en la realidad americana. Sus meditaciones en torno al ser esencial americano o “americanidad” no son elucubraciones librescas. Por eso su discurso trasluce un método empírico, el análisis de la cultura a partir del condicionamiento material. La “americanidad” no es algo abstracto ni homogéneo, existe concretamente a través de cada nación a partir de sus peculiaridades. De ahí que las diferentes orientaciones literarias como “tronco originario” adquieren  “matizaciones peculiares” en dependencia del medio.”[25] En cada país el arte será  condicionado, en primer lugar, por la situación geográfica y la actividad económica:

 

“México con sus cuestiones petrolíferas, metalúrgicas y de regadío; la Argentina, con sus pampas, trigales y criaderos; el Brasil, con sus enormes bosques, sus vías fluviales y su gran producción de café y caucho trazan las líneas básicas de artes distintos.”[26]

 

Trató elementos concretos de lo cubano. Con sentido cosmopolita escudriñó en ellos y los situó en planos universales. Lo hizo, además, ungido de exquisitez y profundo sentimiento estético que imprimieron a su discurso un carácter propositivo y de emociones sugestivas. Lo llevó a la práctica en su propia obra artística.

A partir del entorno guantanamero, en esa proxemia en la que se forma el sentimiento por lo propio y, que necesariamente pasa por el sentimiento estético, refiere o sugiere lo universal a través de lo nacional y viceversa.

Le canta al mar visto desde Caimanera, al valle de Guantánamo, a las montañas que lo rodean, su ciudad con sus tres ríos, pero no con la pedantería regionalista de la “patria chica”, sino con profundo grito humano y una estilizada forma artística, fruto de la herencia de la literatura universal. Boti sabía que Guantánamo no era el mundo, pero vio el mundo a través de Guantánamo.[27]

En sus consideraciones sobre el proceso de creación poética hay una notable insistencia en el aspecto formal que le conlleva a afirmar: “Lo más personal que el artista pone en su obra es la forma.”[28] Luego revela en la poesía un trabajo formal obsesivo, sobre todo en el uso minucioso del lenguaje.  

Esto puede conducir a ver en él un formalista; sin embargo, comprendía de manera adecuada la relación contenido-forma, sus funciones e interdependencia porque, según él: “[…] no hay más que convencionalmente esa dualidad de fondo y forma, y que uno y otra nacen y viven tan armónicos y unidos como las alas de un ave […]”[29]

Su insistencia en el aspecto formal está subordinada a una cuestión práctica. Entendía que el modernismo era el medio adecuado para sacar a la poesía cubana de su marasmo. El trabajo riguroso con el lenguaje es, precisamente, una de las características esenciales de este movimiento poético.

Como señala Enrique Saínz, la obsesión de Boti por la forma no es pura y simplemente formalista, responde a una muy bien fundada concepción de la poesía y a una filosofía de la cultura. Él tenía plena conciencia de las relaciones causales entre la forma artística y la concepción del mundo.[30]

En otro orden, es necesario señalar que entre la estética y la ética existen estrechas relaciones. Desde la antigua Grecia, en Sócrates y luego en Platón, lo bello se identifica con lo bueno en el concepto kalokagathía.[31] Para Platón, bello es lo que es bueno para el individuo y el Estado, aunque posteriormente con la especialización de la filosofía y la división en ontología, gnoseología, lógica, ética, estética lo bello quedó bajo el dominio total de la estética y lo bueno de la ética.

No obstante muchos pensadores no han dejado de tratar las cuestiones de la belleza y la bondad como dos categorías interrelacionadas estrechamente; incluso, quienes no lo han visto de esa manera, dejan ver, a veces sin pretenderlo las relaciones entre ambas categorías.   

No se puede forzar a Boti de tal manera que se aprecie en él una kalokagathía o   concepción similar. Él no se propuso analizar las interrelaciones entre lo bello y lo bueno. Simplemente llega a conclusiones de naturaleza estética a partir de sus demandas artísticas, y sus ideas éticas están dirigidas a cuestiones muy prácticas en relación con su realidad; indaga sobre la moral como objeto de estudio de la ética, pero ni siquiera se pregunta por la naturaleza de la ética.

Sin embargo, su actividad artística, guiada conscientemente por sus preceptos estéticos y su responsabilidad creadora le conllevan a asumir una eticidad en su propia creación estético-artística. El prólogo de Arabescos mentales, manifiesto estético del poeta, tiene implicaciones de carácter ético, como señala el autor guantanamero Enrique Lomba:

 

“La estética de Regino Boti lleva implícita, por otra parte, una ética. Ética fundada en una exigencia feroz, casi estoica, por lo que tiene de voluntad trascendente más allá de la labor paciente del artista. […] Para esta cosmovisión ética, será también sinónimo de dignidad; defensa legítima frente a las futesas y ruindades del medio.”[32]

 

“Estética y autocrítica de Arabescos mentales” no sólo es un manifiesto estético-artístico, sino que encierra también una eticidad. En él Boti examina en detalles hacia donde debe dirigir su quehacer estético-artístico y la actitud y el compromiso que le va imponiendo su realización. La propia definición estética lleva intrínseca la definición ética, debido a “[…] la contribución de la estética en el dictado de la razón práctica, en el saber que está envuelto en la deliberación y en la decisión, en el saber que rige la praxis humana.”[33]

La realización de su proyecto artístico, le conduce a reconocer y asumir como deber una eticidad, que va surgiendo en la propia actividad estética y la reflexión en torno a ella. Estos principios, a los que se les pudiera llamar imperativos, porque los asume como máxima, no deben ser asociados con el deber ser regido por la moral históricamente condicionada de la época. Encarnan en él como ser humano concreto en una actividad concreta, el hombre-artista y reflexivo al calor de una actividad creativa donde tiene que deliberar y decidir ante una gama de alternativas.

La desbordante creatividad que busca cauces novedosos y el conocimiento profundo de las leyes y la historia de la poesía, le ayudan a conformarse juicios de valor en torno a la actitud del poeta respecto a aquéllas y los demás hombres, a la que está dirigida en definitiva. Concluye que la sinceridad y la honestidad deben ser la piedra de toque de toda poesía y de todo arte que aspire a ser verdadero: “[…] el poeta debe entregarse a la Naturaleza y a la Vida, cantando lo que ellas sugieran, acaso contradiciéndose, pero no mintiendo jamás.”[34]

Por otro lado, si su proyecto aspiraba a ser renovador en medio de aquellas condiciones históricas, no podía transigir con la crítica y la censura de los que entonces ostentaban la “torre de marfil” en la poesía cubana, los neorrománticos y clasicistas decadentes.[35] Asumió frente a ellos una eticidad contestataria. De no haber sido así hubiera renunciado al más digno éxito artístico, porque el artista, fiel a sus ideas, no se ha sometido nunca.

Tres años antes de publicar su primera obra y ser reconocido como un gran artista, declaraba al respecto: “[…] y debe tener sabor a dignidad eso de llegar a lo alto sin mostrar las rodillas encallecidas por las genuflexiones ni la cerviz lacerada por el yugo.”[36] El mismo fin de hacer una poesía fuera de las concesiones clasicistas y neorrománticas al uso, imponía una ruptura, no sólo en el plano estético-formal, sino también de prejuicios y tabúes morales.

Más allá de la dimensión ética, este asunto posee implicaciones relativas al sentimiento nacional, y por lo tanto, pasa por una mediación de naturaleza política. Seguir asido a la tradición putrefacta del clasicismo y el romanticismo significaba la expresión y perpetuación de un espíritu conservador del pasado colonial, cuando la República necesitaba de un nuevo pensamiento.

Boti estaba consciente de las resonancias éticas y políticas como expresiones culturales de sus Arabescos mentales. En carta a Francisco Contreras refiere: “En mi libro encontrará Ud. algo que no es cosa corriente en mi país: una ruptura con la tradición, venerada aún aquí por nuestra alma colectiva de colonia española.”[37]

El verdadero arte debe estar comprometido con lo más delicado, lo más noble del ser humano, que es también lo más bello; no puede estar nunca al servicio de  intereses individuales ni lucrativos porque acabaría por envilecerse. Así lo asume como una cuestión de principios y no es extraño que expresara en versos tal convicción: Amo la delicadeza ⁄ espiritual; ⁄ y abomino ⁄ del estólido cretino que hace del arte vileza.[38]

Por otro lado, la mediación política no se pierde de vista en el ideario estético-literario de Boti. Aunque la crítica no le ha reconocido como un poeta social en el sentido más estricto del término, estaba plenamente consciente -debido a la misma naturaleza social del ser humano- de las aspiraciones sociales del modernismo y su mediación política: “El modernismo, pues, en literatura, tiene […] las aspiraciones sociales (porque nuestro arte literario tiene que ser social, ya que lo es humano) que han cuajado en él los sistemas políticos de nuestros tiempos.”[39]

Reconoce el compromiso que tiene con su época y con las causas más justas de la humanidad. Este compromiso es el que debe asumir el modernismo:

 

Oh, espondeo moderno,

aletazo jocundo del genio!

Para amarte es preciso

vivir con la vida que es de nuestro tiempo,

y ponerle a la Lira

cordaje de acero;

sentir todas las cívicas luchas

arder en el pecho; justar por el hombre

que conquista un derecho,… [40]

 

El nuevo tratamiento formal que tiene en su poesía el tema de la naturaleza va enlazado intrínsecamente a una nueva concepción de ésta, ausente en los autores del momento. Precisamente uno de los elementos que le atribuyen novedad a esa concepción es la connotación ética que adquiere la naturaleza.[41] La aprehensión estética de la naturaleza lleva asociada, si pretende ser verdadera, una posición ética. La belleza natural para ser armónica no puede excluir lo bueno, como tampoco la sabiduría. La naturaleza es majestuosa, buena, bella y armoniosa![42] Precisamente le atribuye una connotación ética a la naturaleza porque ésta es capaz de despertar en el ser humano los más nobles sentimientos; ello hace recordar a José Martí cuando plantea: “Hay carácter moral en todos los elementos de la naturaleza: puesto que todos avivan este carácter en el hombre […]”[43]

La estética de Boti está dotada de un espíritu humanista que realza el carácter ennoblecedor de la experiencia estética en el ser humano. Esto asociado a la idea de la posibilidad del perfeccionamiento del ser humano a través de la función liberadora de la educación, le conduce a considerar en la educación estética y artístico–literaria una vía efectiva para el mejoramiento humano.

La educación estética y artístico-literaria en la formación humana

Hay interrelaciones directas entre las ideas de Boti respecto a la educación estética y artística y las referidas a la educación en su sentido más amplio.

Las ideas de Boti con respecto a la educación no están supeditadas plenamente a las ocupaciones que llegó a desempeñar como maestro público y Catedrático de Gramática del Instituto de Segunda Enseñanza de Guantánamo. Piensa las cuestiones relativas a la educación en función de un fin superior, como elemento ineludible para la formación de un individuo armónico, en función de prepararlo para la vida en sociedad como verdadero ciudadano y como vía para el mejoramiento humano.

Alentó la necesidad de mejorar la educación, con el propósito de preparar a las futuras generaciones para el cumplimiento consciente de sus deberes y el disfrute de sus derechos como ciudadanos de la república. Su noción de la educación es en esencia similar al de la paideia griega, que abarcaba todo el proceso de educación o formación, y se fundía con las nociones de cultura o de civilización.[44]

Concibió en la educación una función liberadora y una vía para el mejoramiento humano en una interrelación individuo–sociedad. Para la ascensión espiritual de la sociedad era impostergable la del individuo; por eso, al reflexionar sobre la necesidad del acceso a la educación y el papel de esta en las clases desposeídas, declara: “El mejoramiento de nuestro pueblo tiene que ser la resultancia del mejoramiento individual. Si no se mejora el individuo se estanca o retrocede la colectividad.”[45]

Criticó la situación en que se encontraba el sistema educacional en ese momento: la carencia de escuelas públicas, los daños que esto provocaba en las clases más pobres y la indolencia e ineficacia de la administración pública ante este fenómeno. Además de lo conveniente que era para esa “clase parasitaria” mantener al pueblo en la ignorancia.”[46]

Señaló la mala calidad de la instrucción y de la educación en general, y cómo la precariedad de ambas había incidido en los valores de la generación del momento: “La generación presente adolece de ciertos vicios que reconocen como única fuente nuestra mala educación y peor instrucción.”[47]

Su convicción ecléctica, asimilada a través de los grandes educadores cubanos, en especial José de la Luz y Caballero, condiciona su convicción de la necesidad de formar una postura “ecléctica” en la enseñanza e incidir de manera consciente y dirigida con el fin de eliminar los vicios y lograr un individuo virtuoso; por eso considera que: “[…] lo primero que debemos hacer es forjar hombres de sana consistencia moral; y educarlos eclécticamente para que cada individuo sea un carácter y no un hombre de munición […]”[48]

En cuestiones educativas se manifiesta también su cosmopolitismo a través de la concepción martiana de “patria es humanidad”. Por eso, cuando piensa en la educación en función del futuro de la patria, la piensa también en relación con el futuro de la humanidad toda. La educación y los métodos del colonialismo, en el umbral del siglo XX, eran limitados e ineficaces para este fin. Cuba ya había dejado de ser colonia de España, pero, en referencia a los vicios, según él: “[…] el mal que sembraron en nosotros con nosotros vive aún.”[49]   

Era necesario el perfeccionamiento de la educación y la instrucción “[…] para que los hombres del mañana sepan ser hombres para la humanidad y la patria.”[50]

Para incidir en las nuevas generaciones le atribuye una importancia medular al maestro, “escultor” que modelará la conciencia del estudiante, no sólo desde lo instructivo, el “pensar, sino también desde lo axiológico, el “sentir.  

Aunque la escuela es el escenario fundamental, el “taller”, el proceso comprende, además, la educación familiar y la responsabilidad del Estado:[51] “El pausado esfuerzo del hogar y la escuela, trascenderá, llenará los anhelos todos de la nación. Y tendremos derecho a amar esta tierra no como siervos sino como ciudadanos.”[52]

Los problemas de la educación no se solucionan con  la elaboración de programas, sino aplicando métodos que tomen su referente en la cambiante realidad: “La enseñanza no se funda en programas, sino en métodos animados por lo que sea real en cada momento.”[53]

El mismo progreso de la democracia demanda un perfeccionamiento cultural, que comprende la educación cívica para un desarrollo armónico del individuo, y con ello el ejercicio de sus derechos como ciudadano; de lo contrario se vería incapacitado para disfrutar de sus derechos y su libertad.  “Sin cultura no hay civismo; sin civismo no hay ciudadanos, sino colonos, siervos.”[54]

Queda manifiesta de esta manera la impronta de la sentencia martiana “Ser culto es el único modo de ser libre”, que encarna la función liberadora de la cultura. Para el guantanamero un pueblo que vive en la ignorancia no puede disfrutar de los beneficios de la democracia.[55]

Una función liberadora cumple la cultura, piensa Boti. La época contemporánea hace de la cultura un imperativo sin el cual no es posible el desarrollo armónico del individuo. Sólo a través del ascenso cultural del pueblo es posible su emancipación.

Consideró la educación artística como un elemento esencial en la formación humana y una vía para el mejoramiento humano. Sólo un desarrollo armónico del individuo, que comprende el cultivo de la sensibilidad a través de la educación estética y artística, puede prepararlo para la vida y la relación con los demás. El arte y en especial la literatura acendran el espíritu y lo elevan a escaños más altos.

Según él existía una “alta cultura”[56] y una “alta literatura”;[57] no obstante, en todo momento se manifestó optimista porque confió en las potencialidades del pueblo para su futuro ascenso cultural. Su concepción evolucionista, no sólo de la naturaleza, sino también de la sociedad, le hace albergar la confianza en que el gusto estético y la cultura populares deben evolucionar como evoluciona todo.[58]  

Estaba plenamente convencido de que el arte atravesaba por un proceso, a veces largo, de popularización. Por muy elitista que haya sido el creador, el resultado de su obra llegaría a las masas de manera inexorable. “Todo arte, indefectiblemente, se ha dicho,  va a la multitud, va al pueblo; se populariza.”[59]

Al concebir el perfeccionamiento cultural de las masas como un proceso natural y gradual, no se propuso una actuación política dirigida a transformar la realidad social para catalizar dicho proceso; estaba convencido, además, de que: “Todos los males sociales se curan paulatinamente.”[60] Sin embargo, no se mostró fatalista, mantenía su fe en la cultura artística y la divulgación artístico-literaria como talantes con los cuales el ser humano puede redimirse de sus penurias espirituales.

Estaba convencido de que era posible mejorar la condición humana de los sectores más humildes por medio de la divulgación artístico-literaria, de acuerdo con su nivel cultural. Es notable señalar que el mismo año en que publicó Arabescos mentales, una obra de elevados preceptos estéticos, inaccesible, por tanto, al pueblo de entonces; también costeó la edición de una antología de cantos populares[61] para “[…] hacer un beneficio a los humildes, a los sencillos, a los que viven para sus labores y su hogar, sin nociones de lo que es la alta literatura, pero que sienten el deseo de lavarse el espíritu con la poesía.”[62] Con ello se haría “[…] un gran bien: el que consiste en llevar un rayo de luz allí en donde imperan las tinieblas.”[63]

La divulgación artística, en especial la literaria, no es vista por él como mero recreo e instrucción, sino como elemento contribuyente al enriquecimiento cultural y cívico.[64] Las academias de arte, apreciaba, no deben constituir un privilegio para unos pocos ni satisfacerse en la mera función lúdica. Deben ser, ante todo, un componente esencial e ineludible en la formación humana, porque inciden no sólo en el sentimiento estético, sino también en el plano cognitivo, pues contribuyen, de manera general, al logro de un individuo virtuoso y armónico consigo mismo, para ponerlo en condiciones de relacionarse armónicamente también con los demás hombres: “Las academias son instituciones no de lujo o recreo sino perentorias, indispensables para adquirir una educación armónica y para el desarrollo armónico de nuestros sentimientos y nuestras ideas.”[65]

En una sociedad signada por la vulgaridad y el mercantilismo encontraba loable la celebración de actos y eventos de naturaleza artístico–cultural, por su ennoblecedor propósito de contribuir al enriquecimiento espiritual a través de “esa fuerza mágica que es el goce estético.”[66] Lo evidenció al celebrarse la primera Feria del Libro en Guantánamo en 1953, en la que no vio “[…] otros fines que los de celebrar un convivio en el que el espíritu se nutra, ya que corrientemente se celebra para que se nutra la materia.”[67]

En estos eventos del libro y la literatura el arte no sólo cumple con su función lúdica, sino también educativa, en tanto éstas no se dan por separado, sino que se complementan “[…] en su doble y único propósito: el de distraer educando.[68]

La realidad frustrante y mercantilizada de un “país bodegueril” era un escenario negativo para la creación literaria, porque: “[…] la literatura no ocupó en ellos [los literatos] lo esencial de su vida. Simplemente porque la literatura nunca ha dado en Cuba para vivir. Coetáneamente, el periodismo y las dependencias públicas anulan multitud de temperamentos que, tras el lucro del pan, se esterilizan totalmente para la literatura.”[69] Por otro lado, la conciencia utilitaria, la falta de instrucción general y artística en el sentido más estrecho, constituían un lastre para la apreciación y la demanda del arte literario.

Creía necesaria la divulgación artística para incidir directamente sobre la conciencia de la población, con lo que se le pondría en condiciones de percibir y apreciar adecuadamente el arte. Sin la instrucción del pueblo no sería posible su acceso al mismo, debido al papel activo de la conciencia en el proceso de apreciación artística,  porque “[…] todo espectáculo está dentro del espectador.” [70]

La actividad artística o cualquier actividad en función del arte es un acto de amor fundante. En la inauguración de la Academia de Música “Orbón” en Guantánamo  apela al pensamiento martiano para destacar esta convicción, cuando declara: “Dijo él [Martí] que los hombres van en dos bandos, los que aman y fundan y los que odian y deshacen. Nosotros vamos en el primer bando. Puesto que nos reunimos en una fiesta altruista, de edificación y de arte.”[71]

En este pensador las ideas estéticas no están desprendidas de sus otras concepciones y consecuencias filosóficas. No se desligan de su profundo sentido humanista y valora, consecuente con éste, la época y la sociedad que le tocó vivir.  Encontró en la estética y la educación artística una solución a los problemas culturales y la degradación de los principios morales, que como él sufrió más de una generación.

Las consideraciones expuestas en este informe confirman que en el pensamiento de Boti, con sus lógicas limitaciones, existe un saber filosófico humanista que alcanza su concreción en una obra artístico-literaria de alcance cultural universal. Su creación intelectual reclama un estudio más amplio y profundo, que conduzca a incorporarla definitivamente a la tradición filosófica común y compartida por la totalidad de los cubanos. 

 


[1] Ver: Boti, Regino E.: (“Yoísmo. Estética y autocrítica de Arabescos Mentales”, en Poesía, Ed. Letras Cubanas, 1977); (Crítica literaria, Selección, notas y prólogo de Emilio de Armas, Eds. Unión, La Habana, 1985.) 

[2] (Armas, Emilio, en Boti Regino E.: Crítica literaria, ed. cit.); (Saínz, Enrique: Trayectoria poética y critica de Regino Boti,  Ed. Academia, La Habana, 1987.); (Ruiz, Ena: “La crítica literaria de Regino E. Boti: (1918-1932)”, en Revista El Mar y La Montaña, Guantánamo, 1989, no. 6, pp. 34-43); (Ruiz, Ena: El Exégeta, Ed. Oriente, Santiago de Cuba, 1995)

[3] Por su estrecha relación con la estética, la teoría del arte y la crítica artística pueden aportar desde su producción específica a la estética, como bien aclara Moisei S. Kagan: “[…] aunque la Poética de Aristóteles estaba directamente dedicada al estudio del arte poético (literatura artística) y el Tratado sobre la pintura de Leonardo de Vinci a las artes plásticas, en particular a la pintura, en tales obras se describían no sólo aquellos rasgos de dichas artes que la diferencian de todas las demás, sino también los que expresan su pertenencia al ‘mundo del arte’, su naturaleza artística. Por eso mismo, estas obras, que son en esencia estudios sobre el arte, alcanzan verdadero rango estético. Esta ‘elevación’ de esas teorías sobre artes particulares al rango de generalizaciones estéticas se da también más tarde, por ejemplo, en las obras de Boileau, Diderot, Semper, Hanslick. Incluso la crítica artística, a medida que fue elaborando independientemente la plataforma teórica que fundamenta el enfoque del arte, la metodología de su análisis y sus criterios valorativos, se vino a convertir en una especie de cauce para el desarrollo del pensamiento estético. Fue precisamente así como entraron en su historia Belinski, Dobroliúbov y Saltikov–Schedrín” (Kagan, Moisei S.: Lecciones de estética marxista leninista, Ed. Arte y Literatura, La Habana, 1984, p. 24.)

[4] Cortés Morató, Jordi y Antoni Martínez Riu: Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. ISBN 84-254-1991-3.

[5] Fernández, Roberto: “En los ochenta años de Regino Boti”, en Boti, Regino. E.: Poesía, ed. cit., p. 403.  

[6] Boti, Regino E.: “Notas acerca de José Manuel Poveda, su tiempo, su vida y su obra”, en Crítica literaria, ed. cit; p. 140.

[7] Boti, Regino E.: “Yoísmo. Estética y autocrítica de Arabescos Mentales”, en Poesía, ed. cit., p. 13.

[8] Ídem.

[9] Ver: Boti, Regino E.: “Tres temas sobre la nueva poesía, en Crítica literaria, ed. cit. 

[10] Boti, Regino E.: “Tres temas sobre la nueva poesía”, en Crítica literaria, ed. cit., p. 156.

[11] Boti, Regino E.: “Sincronismos a manera de prólogo para el lector cubano de Crepúsculos fantásticos”, en  Crítica literaria, ed. cit., p. 101.

[12] Ibídem, p. 96.

[13] Ver: Boti, Regino E.: “Sincronismos a manera de prólogo para el lector cubano de Crepúsculos fantásticos”, en Crítica literaria, ed. cit.

 

[14] Boti, Regino E.: “Sincronismos a manera de prólogo para el lector cubano de Crepúsculos fantásticos”, en Crítica literaria, ed. cit., p.97.

[15] Boti, Regino E.: [Inédito] “Juventud y Vejez”, en Archivo Boti, no. 787, t. 66, fechado 1928.        

[16] Ídem.

[17] Ídem.

[18] Rojas, Miguel: “Para una estética abierta”, en Filosofía y Sociedad, 2 t., Ed. Félix Varela, La Habana, 2001, t. 2, p. 458.

Sobre la sustitución de la función estética del arte por su función política Sánchez Vázquez advierte: “[…] debemos guardarnos muy bien de transformar el criterio político en artístico, porque ello significa medir por el rasero actividades que incluso estando relacionadas jamás llegan a identificarse. Por otro lado, si el arte y la política nos ponen en relación con la realidad humana no hay que olvidar que la política se justifica por su capacidad de transformar esa realidad de un modo efectivo, real, mientras que el arte la transforma, transfigurándola, para hacer con ella una nueva realidad que es la obra de arte.”  (Adolfo Sánchez Vázquez, Adolfo: Las ideas estéticas de Marx, Ed. Pueblo y Educación, La Habana, 1990, p. 183)

[19] El propio Marinello, en su poemario Liberación (1926) articula la forma artística vanguardista con la propensión social del arte.  

[20] Boti, Regino E.: “Tres temas sobre la nueva poesía”, en Crítica literaria,  ed. cit., p. 157. 

[21]Boti, Regino E.: [Inédito] Alberto Insúa, en Archivo Boti, no. 788, t. 66, fechado 1928. Federico Engels, quien reconocía la función ideológica del arte, había sometido a la novela realista a una crítica similar al considerar: “Los rusos y los noruegos modernos, que producen excelentes novelas son todos de tendencia. Pero yo creo que la tendencia debe resaltar de la acción y de la situación, sin que sea explícitamente formulada, y el poeta no está obligado a dar al lector la solución histórica futura de los conflictos que describe.”  (Carta Federico Engels a Minna Kautsky del 26 de noviembre de 1885. Citado por: Portuondo Fernando: Concepto de la poesía, Instituto Cubano del Libro, 1972, p.79.)                                        

[22] Boti, Regino E.: “¿Qué debe ser el arte americano?”, en Revista de Avance, La Habana, 1929, t. IV, p. 24. 

Estas consideraciones de Boti obedecen a una encuesta elaborada por “1928”, luego  Revista de Avance, enviada a los más prestigiosos escritores de Hispanoamérica. Para los miembros de la revista era una encuesta de urgente definición, de acentuado compromiso ideológico. Marinello, quien le envió la encuesta a Boti consideraba: “‘1928’ ha creído que ninguna cuestión más importante que la de esta encuesta en el actual momento americano.” (Marinello, Juan: Carta a Regino Boti del 17 de agosto de 1928, en Epistolario Boti-Marinello, Boti-Guillén, Selección; notas y prólogo de Rebeca Ulloa, Santiago de Cuba, Ed. Oriente, 1985, p. 40.)

El contenido de la encuesta era el siguiente:

INDAGACIÓN-QUE DEBE SER EL ARTE AMERICANO.

¿Cree usted que la obra del artista americano debe revelar una preocupación americana?

¿Cree usted que la americanidad es cuestión de óptica, de contenido o de vehículos?

¿Cree usted en la posibilidad de caracteres comunes al arte de todos los países de nuestra América?

¿Cuál debe ser la actitud del artista americano ante lo europeo?

Este cuestionario le fue enviado a altas personalidades de la cultura cubana en ese momento, entre ellos a Enrique José Varona. Las respuestas de Varona, por ejemplo, aparecen en: Marinello, Juan: Contemporáneos, Unión de Escritores y artistas de Cuba, La Habana, 1976, pp. 130–131.

[23] Boti, Regino E.: “¿Qué debe ser el arte americano?”, en Revista de Avance, La Habana, 1929, t. IV, p. 24. 

[24] Boti, Regino E. “La poesía cubana de Nicolás Guillén”, en Poesía, ed. cit., p. 175.

[25] Ídem.    

[26] Boti, Regino E.: “¿Qué debe ser el arte americano?”, ed. cit.

[27] Lomba, Enrique: Regino E. Boti. Poeta del paisaje, Ed. El Mar y la Montaña, Guantánamo, 1991.

[28] Boti, Regino E.: “Yoísmo. Estética y autocrítica de Arabescos mentales”, en Poesía, ed. cit., p. 22.

[29] Ibídem, p. 23.

En su archivo personal se encuentra el siguiente apunte: “Nunca ha sido para mí motivo de cogitación el verso en que debí escribir una poesía. A la gravidez emocional -o intelecto-emocional- sucedió el parto. Y la criatura vino con sus pañales. Nunca dije esta composición ha de ser en endecasílabos, o en décimas. Ella al nacer se arropó en sus propios pañales. ¿Hay fondo y forma? Para mí, no. El fondo labra su forma.” (Boti, Regino E.: [Inédito] “Obra literaria”, en Archivo Boti, t. 9, no. 86.)  

[30] Saínz, Enrique: “Trayectoria poética y crítica de Regino Boti”, ed. cit., p. 55. 

[31] “En la Económica de Jenofonte, Sócrates expone lo que entiende por kalokagathía: o bien un individuo posee un valor moral, y entonces es posible que sus actos sean también hermosos; o bien un individuo es hermoso en su físico, y es posible que sus actos sean también morales […]” (Bayer, Raymond: Historia de la estética, Eds. Revolucionaria, Instituto Cubano del Libro 1971, p.31.) 

[32] Lomba, Enrique: Regino E. Boti. Poeta del paisaje, ed. cit., p. 39.

[33] Arregui, Jorge V.: “El papel de la estética en la ética”, Revista Pensamiento, Universidad de Navarra, España, 1988, vol. 44,  no. 176.

[34] Boti, Regino E.: “Yoísmo. Estética y autocrítica de Arabescos mentales”, en Poesía, ed. cit., p. 31.

[35] En agosto de 1913 en carta remitida a Paris al Sr. Francisco García Calderón le confiesa: “No tengo que recomendarle lo que representa publicar un libro en mi país. Tampoco se le oculta que ante la tradición clásica inalterable, mi libro tiene que ser obscurecido. Aparte de la ruindad con que nuestra Habana recibe todo lo que es ‘del campo’”. (Boti, Regino E.: Cartas de aquí y de allá (1905-1921), ed. cit., 101)

[36] Boti, Regino E.: Citado por: Lomba, Enrique: E. Boti. Poeta del paisaje, ed. cit., p. 39.

[37] Boti, Regino E.: Carta del 13 de septiembre de 1913 al Sr. Francisco Contreras Santiago de Chile, en Cartas de aquí y de allá (1905-1921), Selección: Florentina R. Boti León, Regino R. Rodríguez Boti y Pilar Cardet Ibarra, Prólogo de Juan Carlos Zamora, Ed. Oriente, Santiago de Cuba, 2012, p. 106. 

[38] Boti, Regino E: “Autorretrato”, en Poesía, ed. cit., p. 62.

[39] Boti, Regino E.: “José Manuel Poveda. Los decadentes europeos y la lírica actual”, en Periódico El Cubano libre, Santiago de Cuba, 15 de octubre de 1911.

[40] Boti, Regino E.: “Lira nueva”, en Poesía, ed. cit., p. 66.

[41] Según José Manuel Poveda, Boti “[…] aprende a ser fuerte, instintivo y múltiple; a no falsear las leyes naturales y fijar sobre ellas su ética…” (Poveda, José Manuel: “Regino E. Boti y la lírica actual”, Prosa, 2. t., Ed. Letras Cubanas, La Habana, 1980, t. 1, p. 335)

[42] Boti, Regino E.: Poesía, ed. cit.,  p. 233.

[43] Martí, José: “Emerson”, Cuadernos martianos, t. IV, Selección y Prólogo de Cintio Vitier, Ed. Félix Varela, La Habana, 1997, p. 129.

[44] Werner Jaeger, quien ha estudiado en profundidad la concepción de la paideia en el pensamiento griego sostiene: “El helenismo sostiene una posición singular. Grecia representa, frente a los grandes pueblos de Oriente, un ‘progreso’ fundamental, un nuevo ‘estadio’ en todo cuanto hace referencia a la vida de los hombres en la comunidad. Ésta se funda en principios totalmente nuevos. Por muy alto que estimemos las realizaciones artísticas, religiosas y políticas de los pueblos anteriores, la historia de aquello que, con plena conciencia, podemos denominar nosotros cultura, no comienza antes de los griegos.” (Jaeger, Werner: Paideia. Los ideales de la cultura griega, 2 t., Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1971, t. 1, p. 4)

[45] Boti, Regino E.: “Para ‘el Siglo XX’”, Conferencia leída por Boti en la Sociedad de Mulatos, “El Siglo XX” de Guantánamo el 10 de octubre de 1923, en Archivo Boti, t. 139, no. 1482.

[46] Ídem. 

[47] Boti, Regino E.: “La escuela”, en Periódico El Managüí, Guantánamo, 24 de enero de 1900, p. 2. 

[48] Boti, Regino E.: [Inédito], en Archivo Boti, t. 18,  no. 284.

[49] Boti, Regino E.: “La escuela”, ed. cit.

[50] Ídem.  

[51] Ídem. 

[52] Boti, Regino E.: “Para ‘El siglo XX’ ”, Conferencia leída por Boti en la Sociedad de Mulatos, “El Siglo XX” de Guantánamo el 10 de octubre de 1923, en Archivo Boti, t. 139, no. 1482. 

[53] Boti, Regino E.: [Inédito], “Del almanaque”, hoja suelta fechada, 6 de abril de1957.

[54] Boti, Regino E.: “Patria Libre”, en Patria Libre, Guantánamo, 3 de enero de 1932, p.11.

[55] Ídem.

[56] Boti, Regino E.: “Sincronismos a manera de prólogo para el lector cubano de Crepúsculos fantásticos”, en Crítica literaria, ed. cit.

[57] Boti Regino E.: (Prólogo y compilación) La Lira Cubana, Imp. La Imperial, Guantánamo, 1913.

[58] Ver: (Boti, Regino E.: Prólogo a La Lira Cubana, ed. cit); (Carta a Nicolás Guillén, 27 de octubre de 1930, en Epistolario Boti-Marinello;  Boti-Guillén, ed. cit., p. 69.)

[59] Boti, Regino E.: “El Cucalambé popular”, en Crítica literaria, ed. cit., p.183.

[60] Boti, Regino E.: “La escuela”, ed. cit.

[61] Boti, Regino E.: (Compilador y prologuista) La Lira Cubana, ed. cit.

[62] Boti, Regino E.: (Prólogo) La Lira Cubana, ed. cit., p. 7.

[63] Ibídem, pp. 8-9.

[64] En carta del 16 de noviembre de 1921 al director de la Revista Martiana que se editaba en la Capital, Boti destaca: “[…] la bella y empeñosa labor cultural, cívica y literaria que implica el sostenimiento de la ‘Revista Martiana’” (Boti, Regino E.: Cartas de aquí y de allá (1905-1921), ed. cit., p. 290)   

[65] Boti, Regino E.: Palabras pronunciadas en la inauguración de la Academia de Música “Orbón” de Guantánamo, en Archivo Boti,  t. 62, no. 745.

[66] Ídem.

[67] Boti, Regino E.: Palabras pronunciadas en la inauguración de la primera Feria del Libro de Guantánamo en 1953, en Archivo Boti, t. 9, no. 81. 

[68] Ídem.

[69] Boti, Regino E.: ¡Viva la guardia civil!, en periódico Patria Libre, Guantánamo, 17 de abril de 1932, p. 1.

[70] Boti Regino E.: Palabras pronunciadas en la inauguración de la primera Feria del Libro de Guantánamo en 1953, en Archivo Boti, t. 9, no. 81.

[71] Boti Regino E.: Palabras pronunciadas en la inauguración de la Academia de Música “Orbón” de Guantánamo, en Archivo Boti,  t. 62, no. 745.

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