Flores para una bruja

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Por Lilibeth Alfonso (Tomado de http://eskinalilith.wordpress.com/2013/08/02/flores-para-una-bruja/#more-1729)

 

la plaza polifuncional Pedro Agustín Pérez, un espacio que desde el aire aspira a ser guitarra y Liuba hoy tocó para los niños de Guantánamo como parte de la Jornada de la Canción Política en que, a pesar del sol guapo del final de la tarde, se llenó de padres, abuelos, tíos y críos con la esperanza de verla.

 

A las seis de la tarde, el horario oficial del concierto -siempre me he preguntado cómo diablos se escogen esas horas de solquerajapiedra- no empezó el concierto, pero la gente seguía allí, acurrucada a la sombra de los enredaderas, siguiendo de cerca cada paso de sus pequeños.

 

Eran aproximadamente las siete de la noche cuando, con el sol ya detrás de las montañas, los músicos tomaron sus puestos y comenzó la música. Comenzó con la Canción del arcoiris, de Ada Elba Pérez y ahí comenzó su magia.1001912_684734298207907_151303350_n

 

Porque Liuba sabe y ama trabajar para los niños. No es de esos artistas que se paran a cantar y ya, sino que interactúa y juega, se da a querer como esas tías complacientes que siempre salvan el día.

 

Cantó Estela, granito de canela, La canción del piojo, El cangrejo Alejo, El tonto de papel, El trencito y la hormiga “porque casi ahora mismo pasó un tren por allá atrás, e imitó el chucu chucu de una locomotora. Entre los músicos, faltaba gente. No estaba el guajiro Miranda esta vez con su tres de maravilla, pero en realidad no faltó nada.

 

Yo, como habrán notado, fui una víctima feliz de aquel embrujo. Y mi niña, porque Isabella estuvo en el concierto, a la segunda canción ya estaba batiendo sus manitos y terminando las frases de las canciones que se sabe.

 

Me mató finalmente con su versión de Lo Feo, de la cantautora infantil más reconocida de Cuba, Teresita Fernández, encaminada a la gloria con esa voz que te mece y te embriaga, que es toda melodía y luz, hasta en las canciones más terribles.

 

Hubiera querido otro espacio para ese encuentro, al menos la disposición de algunas sillas teniendo en cuenta que muchos de los niños no aguantan estar en el piso mucho tiempo y prefieron los brazos cansados y acalambrados de sus padres.

 

Pero nada tengo que reprocharle a la tarde, sólo quizás que mi nena lloró, cuando paró la magia.

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