Gran Premio Cubadisco 2013: Míriam es la canción

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

En cuerpo y alma, Míriam Ramos es la canción. A su voz cálida una inteligencia, cultura, buen gusto y, sobre todo, un arraigado sentido de pertenencia y un irreductible compromiso con el rigor del acto creador. Sabe que la interpretación es mucho más que un hecho sonoro. Asume riesgos pero no se lanza al vacío. Conoce el terreno que pisa y posee la sensibilidad suficiente como para orientarse sin perder el rumbo. No trabaja para sí, sino para compartir horizontes y repartir maravillas.

Estas cualidades y convicciones la acompañaron en el proceso de gestación y cosecha de una monumental empresa fonográfica, los tres volúmenes que bajo el título Míriam Ramos. La canción cubana grabó para el sello Producciones Colibrí, del Instituto Cubano de la Música, y que le valieron nada menos que el Gran Premio Cubadisco 2013, proclamado este último fin de semana en el Teatro Nacional.

La trilogía fue previamente reconocida con el Premio Cubadisco en la categoría de Compilación. También recibieron lauros el volumen 1 en el acápite de Trova Tradicional y el volumen 2 en el de Cancionística.

Las piezas seleccionadas responden a una antología personal de lo que Míriam considera constituyen joyas imprescindibles de la canción cubana de todos los tiempos, agrupadas en tres etapas: De la tradición (vol. 1), Entre 1948 y 1960 (vol. 2) y Entre 1962 y 2012 (vol. 3). Podrán objetarse ausencias, pero cada una de las obras escogidas representa por sí misma una elevada cota en la evolución de un género que define y nutre el desarrollo de una identidad, tanto como el son, la rumba y las tonadas rurales.

Particularmente llamativo es el tratamiento del primer disco. Al principio de cada corte, se escuchan fragmentos de las voces originales que hicieron eternos esos entrañables reclamos de amor y aquellos páramos de desdicha que marcaron las rutas de la trova primigenia.

El inefable centenario Chicho Ibáñez asoma su voz en Ojos malignos, María Teresa y Lorenzo trenzan sus dúos irrepetibles, Eusebio Delfín asombra con su timbre abaritonado; Dominica Verges, Adriano Rodríguez, las hermanas Martí, Guillermo Portabales, Los Naranjos y Voces del Caney acompañan a Míriam mientras desgrana las melodías y los versos de Veinte años, La guinda, Mercedes, Aquella boca, Tormento fiero hasta llegar a El fiel enamorado, como para hacernos saber que Sindo, Pichardo, Corona, Delfín, Don Miguel, Teofilito, María Teresa y Paquito Portales son ángeles tutelares del alma popular.

Excelente laudista y músico integral, Barbarito Torres, al frente de un pequeño conjunto instrumental, orquestó las piezas. Y dejó para sí en dúo con Míriam uno de los instantes de mayor intensidad del fotograma: la interpretación de Pensamiento.

El periodo entre 1948 y 1960 siguió la pauta del filin y la canción lírica popular que en aquellos años tuvo un cultor de lujo como Adolfo Guzmán. Sienta bien el rescate de René Touzet, uno de los imprescindibles que no debe ser olvidado, pero sin lugar a duda al visitar los predios de Orlando de la Rosa, César Portillo de la Luz, Rosendito Ruiz, José Antonio Méndez y una Marta Valdés para nada tópica en Llegadas y Demasiado que pedir, Míriam alcanza alturas inusitadas.

Otra vez resulta decisiva la colaboración del arreglista principal y líder de la alineación instrumental, en este caso Ernán López Nussa quien recrea con fineza e imaginación la estética de los combos de la época, que de la apropiación del jazz fundaron la llamada descarga cubana.

Para el tercer volumen Míriam apeló a otro pianista como compañero de viaje, Rolando Luna, uno de los mayores talentos emergentes del jazz cubano, para pasear por temas que en las últimas décadas han devenido clásicos —Tú, mi desengaño (Pablo Milanés), Rabo de nube (Silvio Rodríguez), Si de tanto soñarte (Lázaro García), Regalo (Augusto Blanca), Una palabra (Carlos Varela)—, por obras de autores reconocidos pero que poseen partituras que merecen una mayor difusión —Sobre un dato falso (Noel Nicola), Eres nada (Gerardo Alfonso)— y sus propias composiciones, ante las cuales muchos se sorprenderán.

Dejo para el cierre de esta reseña una valoración del poeta Guillermo Rodríguez Rivera que comparto a plenitud: “Míriam Ramos ha construido uno de esos discos que la cultura cubana necesita, pero que no todos pueden hacer. Ella ha conseguido que los documentos que ya son estas canciones devengan asimismo, como quería el maestro Hypolite Taine que ocurriera con las obras de arte, monumentos”.

(Tomado de http://www.granma.cu)

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